04 Μαρτίου 2007

Semónides de Amorgos

JE JE JE Se va a liar:

Al igual que Hesíodo también Semónides considera que las mujeres están hechas de tierra y agua. O mejor, algunas mujeres:

«A otra la moldearon con tierra los Olímpicos / y se la dieron al hombre como embotada; nada malo / ni bueno sabe una mujer de tal tipo; / la única labor que sabe hacer es comer. / Y si los dioses mandan un duro invierno, / tinta de frío antes que acercar su banqueta al fuego. / Otra procede del mar, y se comporta de dos maneras: / se ríe y está contenta un día, / y la elogiaría el huésped que la viera en su casa: / “No hay una mujer mejor que ésta / en toda la humanidad, ni más hermosa”. / Pero al otro día no es sufrible mirarla / ni acercarse a ella, sino que anda enloquecida, / inabordable, como una perra vigilando a sus cachorros, / y resulta áspera con todos y desagradable / tanto para sus enemigos como para sus amigos. / Como el mar muchas veces sereno / se queda calmo y propicio, gran alegría para los marinos, / en la estación del verano, pero muchas veces enloquece, / por olas de sordo golpear arrebatado: / a él es a quien más se parece una mujer así, / por su carácter agitado: también el mar tiene naturaleza / cambiante.»

Pero si las mujeres hechas de tierra o nacidas del mar son una desventura, todavía son peores las otras mujeres que, según su índole, derivan de animales, de los que tienen todas las características:

«(...) Una procede de la cochina de largas cerdas, / en su casa todo está lleno de suciedad, / tirado en desorden y rodando por el suelo; / y ella, sin lavarse y con las ropas sucias, / sentada entre montones de estiércol, engorda. / A otra la hizo dios de la maligna zorra; / es la mujer que lo sabe todo: nada malo, / ni nada bueno le pasa inadvertido, / pues a unas cosas las llama con frecuencia malas, / a otras buenas: pero su disposición es tan pronto / de una manera como de otra. / A otra, hija de la perra, la hizo irritable e impulsiva; / quiere ésta oírlo todo, saberlo todo, / y por todas partes curioseando y dando vueltas / pega ladridos, aunque no vea a persona alguna. / No la puede calmar su marido ni amenazándola, / ni aunque, irritado, le salte con una piedra los dientes, / ni hablándole cariñosamente, / ni siquiera si está sentada en casa ajena; / sino que prosigue sin cesar su inútil ladrido. / (...) Otra procede del asno gris y cosido a palos; / por la fuerza o por las amenazas apenas / lo soporta todo y realiza trabajos ásperos. / Mientras tanto, come en su habitación / toda la noche, todo el día, y come junto al hogar. / No obstante, para el trabajo de Afrodita / acepta a cualquier compañero que se presente. / Otra procede de la comadreja, especie miserable y triste, / pues no tiene nada bello ni deseable, / nada agradable, nada amable. / Y está loca por el lecho de Afrodita, / pero al hombre que tiene le produce náuseas. / Con sus robos causa muchos daños a los vecinos, / y muchas veces se come las víctimas antes de sacrificarlas. / A otra la engendró la hermosa yegua de largas crines, / y huye ante los trabajos serviles y la aflicción, / y no podría tocar la piedra de un molino, ni coger / una criba, ni sacar la basura de casa, / ni sentarse junto al horno para evitar el hollín; / pero enamora al hombre con una fuerza invencible. / Se quita la suciedad todo el día, / dos veces, tres veces, y se unge con perfumes; / siempre lleva bien peinado su cabello, / espeso, adornado con flores. / Un bello espectáculo es una mujer así / para otros, mas para su dueño resulta un daño, / a menos que sea un tirano o un rey / de los que se complacen con semejantes cosas. / Otra procede del mono: ésta es, sin duda, / el mayor mal que Zeus ha enviado a los hombres. / Su cara es feísima; una mujer de éstas / va por la ciudad provocando la risa de todos los hombres; / corta de cuello, le cuesta moverse, / sin nalgas, con la piel en los huesos. Pobre hombre / el que abraza semejante desastre. / Sabe todas las tretas y artimañas, / como el mono, y no le importa que se rían de ella. / Jamás haría el bien a nadie, sino que lo que mira / y lo que delibera todo el día / es cómo hacerle a alguien el mayor mal posible.»

Cochina, zorra, perra, comadreja, yegua, mona: cada una peor que la otra. Solamente una se salva:

«Otra procede de la abeja: dichoso el que la consigue. / Solo ésta no recibe ningún reproche, / y por ella florece y aumenta la vida. / Amada envejece junto a su amante marido, / madre de una prole linda y famosa. / Y llega a ser ilustre entre todas las mujeres, / y le rodea una gracia divina. / No le gusta sentarse entre las mujeres / cuando hablan de asuntos de amor. / Estas son las mujeres mejores y más inteligentes / que Zeus otorga como gracia a los hombres.»

Extracto de Cantarella, E. La Calamidad Ambigua
Me parece que comparado con éste, Hesíodo no es nada. Afortunadamente, las cosas han cambiado y son los menos los que opinan así.

9 σχόλια:

Ana είπε...

Isra, ya puedes pedir refugio a los olímpicos ...

Como dije a Esther, cada cosa en su contexto social e histórico.
Pero me gustaría saber si decir son los menos los que opinan así te incluye, pues no te he leído una crítica demasiado entusiasta.

El caso es que si nos ponemos a comparar a los hombres podríamos terminar con un texto similar, pero no se me ocurrirá, pues los respeto demasiado.

Isra είπε...

Ana, hace mucho que aprendí que el sexo débil somos los hombres. Bueno, quedan muchos que todavía no lo asumen, y son los que intentan reafirmar su masculinidad a fuerza de golpes.
Y eso precisamente es lo que hay que evitar.
Donde esté una buena hembra alfa, que se quite un machito

Ana είπε...

Creo que aceptamos tu comentario como crítica entusiasta.

Pero yo no creo en sexos débiles: hay personas más o menos interesantes, más o menos influyentes, más o menos optimistas, más o menos pesimistas ... como en el anuncio, ya sabes.

Esther είπε...

Bueno, Isra, que sepas que las Musas de Pieria se han aliado con las del Helicón y han cambiado a Apolo por Atenea.

mertxu είπε...

Isra: la armaste. Al igual que me pasa con los habitantes de diferentes autonomías ( discusión para otro día) yo no conozco a hombre ni a mujeres, sólo conozco personas, como Ana, altas, guapas, bajitas, rubías, morenas, listas, aburridas...
No creo en la debilidad de los sexos o ¿ acaso tú si que mides el hecho de que no sea capaz de levantar una piedra? Pués la supuesta debilidad de la mujer radica en su menor masa muscular ( es así ¿NO?, no en su capacidad craneal.
No pretendo que seamos iguales, pero tampoco quiero que seamos diferentes. ( ala, contéstame)

Isra είπε...

La cuestión no está en mayor o menor masa muscular o capacidad craneal. La cuestión es que con nosotros (los hombres evolucionados, del género homo SAPIENS SAPIENS) hacéis lo que os da la gana.
Claro, queda algún homo Neandertalensis sin extinguir y son los que nos dan mala fama. Los que tienen el cerebro donde yo los testículos, o algo más arriba, en el estómago: son seres primarios como las amebas. Aunque me he encontrado alguno con estudios, incluso de judicatura.
Pero creo, sinceramente, que los males no son las mujeres, sino están en algunas mujeres, incluso de este siglo XXI, y para mí la única solución es la educación tanto en casa como fuera de ella. ¿A cuántas mujeres conocemos cuya marido es lo primero? Mujeres que desde adolescentes sólo piensan en casarse y estar en casa, que opinan que los estudios "¿pa qué?", que crean lazos de dependencia mortales en ocasiones y que no tienen la capacidad o voluntad para cortarlos

Isra είπε...

¿Por qué Elgreco puede escribir tanto y a mí se me corta a medias? -inciso-

porque se sienten inferiores física, económica, anímica y moralmente.
La solución está en nuestras manos. Debemos cambiar esas formas de pensamiento, de cualquier PERSONA que piense así.

santi είπε...

Si soy escueto se crean malentendidos, si expreso con detalles mi opinión suelto discursos.
En fin, no soy yo quien complica las cosas, Esther, yo no entro en el eterno tema de la guerra de los sexos, en el que hay una serie de tópicos tradicionales, que no dejan indiferente nadie, por supuesto, pero en exceso simplistas. De las mujeres ya desde los tiempos antiguos se ha criticado el chismorreo, la presunción, su carácter voluble, etc. En respuesta ellas a menudo nos han criticado, por ejemplo, de ser todos iguales, mentecatos, insensibles o primitivos. Y no seré yo quien busque ahora ejemplos de tales opiniones en la antigüedad, ya expliqué lo que sí me interesa de los clásicos, los valores positivos y humanos.
El debate fundamental que hoy nos interesa socialmente no és el de las diferencias entre personas femeninas y personas masculinas, podríamos extendernos mucho y no llegaríamos a ninguna parte, sino la igualdad de derechos.

Eva είπε...

Bueno...cómo nos pone este Semónides...Como no estoy de acuerdo con lo que dice aquí os pongo una página que habla de vosotros...en un poema.Es esta:
http://www.solonosotras.com/archivo/25/cult-poet-250602.htm
Haber que os parece.